Un amor tóxico, una organización inventada y el “desafío” de matar: las nuevas revelaciones del crimen de Cecilia Lazcano
WS
Tras dos meses de una minuciosa investigación a cargo de Facundo Cabral, titular de la Unidad Fiscal de Investigaciones de Alvear, Corrientes, los peritos que analizaron las conversaciones entre los dos adolescentes imputados por el crimen de Cecilia Emilce Lazcano encontraron importantes revelaciones para la causa.
Según confiaron a Infobae fuentes del caso, el plan inicial que tenía entre manos J.G., el menor de 16 años apuntado como el autor material del crimen de Cecilia, no era asesinar a su compañera de colegio: los mensajes entre los sospechosos dieron cuenta de que, inicialmente, planeaba atacar a su propia suegra, la madre de N.Y.L., su pareja y cómplice.
En este sentido, el fiscal Cabral y su equipo de trabajo lograron corroborar que la planificación original de J.G. respondía a que el adolescente interpretaba que su suegra maltrataba a su novia, quien, al igual que Cecilia, también se autolesionaba con heridas cortantes en distintas partes de su cuerpo.
“La chica se cortaba, tenía sus problemas de rebeldía de adolescencia. Y además parece que la mujer no lo percibía como bueno al pibe, no lo quería para su hija”, explicaron las fuentes con acceso al expediente.
Sin embargo, N.Y.L. frenó a tiempo a su pareja y el ataque planeado a su propia madre quedó en el olvido.
Así, J.G. se vio obligado a cambiar de víctima y posó sus ojos sobre Cecilia.
Pero en ese momento surgió un interrogante que los investigadores clave para determinar el móvil del crimen. ¿Por qué J.G. tenía la necesidad de atacar a otra persona hasta matarla? Acá aparece en escena “Max”, el personaje de fantasía que ambos imputados mencionaron durante sus diálogos virtuales.
Según pudieron concluir los investigadores, J.G. buscaba mostrarse tanto para su pareja como para “Max”, en su afán por intentar formar parte de una supuesta organización que inventó la propia N.Y.L.. Él se desvivía por ser incluído.
“El chico evidentemente volaba con eso, tenía celos del supuesto Max, tenía celos de la pertenencia de ella en esa organización, y así busco una víctima como para demostrar de lo que él era capaz”, precisaron fuentes del caso.
Por qué Cecilia
Otra revelación que surgió de las conversaciones entre J.G. y N.Y.L., las cuales fueron analizadas por la Fiscalía desde mayo de 2024, se relaciona con el motivo por el cual el principal sospechoso eligió a Cecilia para demostrarle a su novia todo lo que era capaz de hacer.
Como compartían curso en el colegio, J.G. era consciente de que Cecilia tenía conductas suicidas y la vio “vulnerable”. Fue así que durante los días previos al crimen, J.G. se las ingenió para atraer a Cecilia y llevarla engañada a la vieja estación de trenes de Alvear.
Pero el sitio donde la asesinó no fue elegido al azar. Tanto al atacante como a la víctima, que días antes había asistido al mismo lugar con amigas, les atraía la adrenalina que les generaba ese espacio abandonado. “Pensaba como que había espíritus por llamarlo de alguna manera. Y con eso la atrajo”, concluyeron los investigadores.
En cuanto a la pala que J.G. llevaba consigo al momento de encontrarse con Cecilia, los detectives descubrieron que el adolescente le dio a entender a la víctima que la tenía encima como para defenderse si aparecía algún extraño. Lamentablemente, la chica no sospechó y el encuentro terminó de la peor manera.
Por último, los chats entre ambos imputados expusieron que J.G. siempre la trató a N.Y.L. como un caballero, lo cual habría sido determinante para que la menor se enamorara perdidamente de él.
“Eran el uno para el otro. Se volvieron posesivos. Hablaban horas y horas al día por celular. Evidentemente nadie le revisó los celulares a ambos. Ella también se cortaba, él se cortaba. Habían muchísimas compañeras que se cortaban. Una especie de moda, y Cecilia lo mismo. Ningún adulto prestó mucha atención en los adolescentes”, completaron las fuentes con acceso al expediente.
A partir de las pruebas recabadas hasta el momento, el fiscal Cabral quedó más cerca de formalizar una acusación definitiva contra los principales sospechosos.
El hecho
Aún con vida, Cecilia fue encontrada el último 16 de julio en la antigua estación de tren de Alvear con heridas graves en el cuello y las muñecas. Inmediatamente, la trasladaron en ambulancia hacia la capital provincial, pero murió en el camino debido a las lesiones. Desde ese primer momento, las características de las heridas generaron dudas entre los investigadores. El fiscal describió que la “ferocidad de la lesión” no resultó compatible con la hipótesis inicial del suicidio, lo que encendió las alarmas del Ministerio Público Fiscal.
El avance de la causa estuvo determinado por el trabajo articulado entre el área de Delitos Complejos y la Comisaría local de la Policía de Corrientes. La clave del giro investigativo radicó en el peritaje de los dispositivos móviles secuestrados y las cámaras de seguridad.
A ese elemento se sumó el rastreo del teléfono de la víctima, que permaneció encendido de manera sospechosa durante varios días tras su muerte. Los registros fílmicos de la zona aportaron otro indicio que muestra a Lazcano dirigiéndose hacia el lugar del hecho junto a un joven que llevaba una pala en la mano. Se trataba del ya mencionado J.
Según detalló el fiscal, las cámaras también registraron al sospechoso regresando solo al lugar y con ropa diferente a la que vestía momentos antes.
Los peritajes incluyeron el análisis de mensajes recuperados del celular del joven, lo que dejó al descubierto una planificación previa al crimen, además de conversaciones registradas con posterioridad al hecho. “Se pudo determinar algo atroz porque se pudo ver la planificación del homicidio”, afirmó Cabral.
También se ejecutaron allanamientos en donde secuestraron zapatillas con manchas de sangre y se halló una huella de calzado específica en la escena del crimen.
Fuente Infobae

