
El viernes el cielo obligó a hacer una pausa. Sin embargo, el corazón carnavalero siguió latiendo fuerte. Y el sábado, cuando las nubes se abrieron, la ciudad respondió como solo ella sabe hacerlo. Miles de familias volvieron a colmar el corsódromo en una noche que quedará guardada en la memoria colectiva.
La apertura fue un estallido de emoción: la carroza del Rey Momo iluminó la avenida y, junto a él, la reina 2025, Candela Romano, deslumbró con su elegancia y carisma. Fue el anuncio perfecto de lo que vendría después: música, brillo y cultura desfilando ante tribunas repletas.
Los Caporales Alma y Corazón y Pasión Andina hicieron vibrar el suelo con el ritmo intenso de las danzas del altiplano, entre bordados relucientes, cascabeles y botas que marcaron el compás de la alegría. Luego el desfile continuó con Ara Tani y su Bamboleiro, Berimbao “la fruta se disfruta”, Araza Tuba y la leyenda irlandesa, Carumbé Do Sul con su propuesta de altamar, Imperio con su imponente diablada y Éxtasis representando la cultura otomana turca. Cada comparsa aportó su magia, su identidad y su esfuerzo de todo un año reflejado en minutos de pura emoción.
El operativo de seguridad fue ejemplar, con un trabajo articulado entre la Policía provincial, infantería, Defensa Civil y bomberos, garantizando una fiesta ordenada y familiar. En el palco oficial acompañaron la intendente Gimena Mansilla, el presidente subrogante de la Legislatura Sergio Mansilla, concejales, funcionarios municipales e invitados especiales.
Según estimaciones oficiales, alrededor de 50.000 personas recorrieron el corsódromo durante la jornada. Entrada libre y gratuita, cero alcohol y espacios inclusivos para personas con discapacidad consolidaron una celebración segura y popular.



