Dulia y Tahiel: una historia de cuidado y contención en Casa Clarita

Lejos de su hogar en alta montaña, Dulia Flores Valeriano encontró en el Hospital Avellaneda mucho más que atención médica. Durante más de tres meses permaneció en Casa Clarita, donde recibió acompañamiento integral para atravesar un embarazo de alto riesgo, dar a luz a su hijo Tahiel y continuar con los controles de ambos.
Sociedad22 de julio de 2026WSWS

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Esta historia refleja el compromiso del sistema público de salud, en consonancia con las políticas del gobernador Osvaldo Jaldo y bajo los lineamientos del ministro de Salud Pública, doctor Luis Medina Ruíz, para garantizar una atención accesible, integral y de calidad para todos los tucumanos.

Cuando la paciente llegó al Hospital Avellaneda, todavía estaba embarazada. Había sido trasladada desde la Alta Montaña debido a una amenaza de parto y, aunque logró superar esa primera etapa, regresar a su hogar no era una opción. Las lluvias habían deteriorado el único camino de acceso y para llegar hasta su vivienda era necesario hacerlo a caballo.

Fue entonces cuando comenzó una nueva etapa. Dentro del Hospital Avellaneda, en una casa construida gracias a una donación de la Cooperadora de la institución, encontró un lugar donde permanecer mientras continuaba su embarazo. Casa Clarita, creada para alojar temporalmente a madres y niños provenientes de zonas alejadas de la provincia, se convirtió durante más de tres meses en su hogar.

El coordinador de Casa Clarita y supervisor de Enfermería, licenciado Gustavo Figueroa, explicó que la residencia fue creada para acompañar a madres y niños provenientes de zonas alejadas de la provincia, facilitando el acceso a consultas, estudios complementarios y turnos médicos. Además, destacó que el equipo realiza un seguimiento permanente y acompaña a las familias durante las distintas instancias de atención que requieren.

La estadía de Dulia, sin embargo, fue distinta a la mayoría de los casos. Mientras la residencia suele recibir familias por pocos días, su permanencia se extendió durante más de tres meses debido a la complejidad de su situación. Al referirse a ese proceso, Figueroa recordó cómo la institución acompañó cada momento: «Ella ingresó por un embarazo de alto riesgo y, por la imposibilidad de regresar a su domicilio, decidimos alojarla en la casa. Acompañamos todo el embarazo hasta su finalización. Le hicimos un baby shower, recibimos donaciones y la verdad es que la hemos acogido como parte de nuestra familia».

Pero la historia comenzó incluso antes de llegar a Casa Clarita. Desde el Servicio de Internación Conjunta y Embarazo de Riesgo, el equipo interdisciplinario siguió de cerca la evolución del embarazo y trabajó para garantizar la continuidad de la atención.

Al recordar el proceso de atención, la jefa del servicio mencionado licenciada especialista Carla Dávila Pérez, destacó el trabajo articulado entre los distintos equipos del hospital, que permitió acompañar a Dulia durante más de tres meses y medio desde su ingreso por una amenaza de parto. En ese período, recibió atención interdisciplinaria de profesionales de distintas áreas, participó de la Escuela de Embarazadas y completó más de once controles durante la gestación.

El acompañamiento fue mucho más allá de lo estrictamente asistencial. Cada control, cada consulta y cada necesidad encontraron respuesta en un equipo que decidió caminar junto a ella. Sobre ese vínculo, Dávila Pérez expresó: «Nunca cortamos ese cordón umbilical. Siempre vinimos a verla, nos encariñamos con ella y con su historia. Lo que hicimos fue garantizar una verdadera continuidad del cuidado».

El 6 de julio nació Tahiel Josemar Sauvik. Pesó 4 kilos 200 gramos y midió 53 centímetros. Después del parto, la atención continuó para la madre y el recién nacido, con controles e interconsultas para acompañar su desarrollo. Incluso, el hospital continúa acompañando a la familia en un aspecto muy especial: el bautismo que Dulia deseaba para ella y para su hijo.

La joven madre destacó el acompañamiento recibido durante su estadía en Casa Clarita: «Casa Clarita, es prácticamente un hogar. Más allá de los profesionales que hay, es como tener una familia. Me he sentido muy apoyada en este lugar. Uno aprende junto con el bebé, con sus reacciones y su comportamiento. Todos los días aprendo algo nuevo gracias al acompañamiento que recibo”.

Entre los momentos más significativos de su estadía, Dulia también destacó el gesto del equipo del hospital, que organizó un baby shower sorpresa para celebrar la llegada de Tahiel y que la hizo sentir acompañada y parte de una familia.

La historia de refleja que, en Casa Clarita, la atención sanitaria trasciende la asistencia médica. Allí, el alojamiento, la contención, el trabajo interdisciplinario y el compromiso humano permiten que familias de los lugares más alejados de Tucumán encuentren un espacio donde transitar momentos complejos con la tranquilidad de sentirse acompañadas.