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“El Gordo” dio claras señales de que no está dispuesto a entregarse a las autoridades

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San Miguel de Tucumán.- Los familiares juran que ni siquiera les atiende el teléfono. Y que de esta manera será imposible convencerlo que se entregue a las autoridades. La Policía de la provincia y fuerzas federales continúan con su búsqueda, pero saben que no será una tarea sencilla. “El Gordo” está decidido a no entregarse a las autoridades después de haber protagonizado una cinematográfica fuga.

Según los allegados, el adolescente de 17 años se habría levantado el martes harto de estar encerrado en el Instituto Roca. Estaba molesto porque consideraba que estaba encerrado por un crimen que no cometió y que la causa de droga era todo “un invento de la prensa”. Después de haber recibido el dato de que no le resultaría sencillo recuperar la libertad, habría decidido fugarse.

Fuentes judiciales estiman que, con un celular -que no debería haber tenido en su poder- habría comenzado a llamar a las personas de su entorno para que lo ayudaran. En esa lista aparecía su hermana de 15. Ella aceptó colaborar y se arriesgó por él.

Los investigadores no creen que haya planeado todo tan rápido, pero los allegados cuentan que ambos adolescentes son muy audaces y, por momento, incontrolables. Más allá de todas las especulaciones, lo único cierto es que ambos cumplieron con el objetivo. Nunca antes un adolescente en conflicto con la Ley se había escapado de esa manera.

La Justicia por ahora ve en la causa demasiados puntos oscuros y, por ese motivo, se aprehendió a los tres uniformados que estaban de guardia en el Roca en el momento que se produjo la fuga. Sólo uno de ellos recuperó la libertad, pero los otros quedaron detenidos porque se sospecha que no hubo negligencia, sino complicidad.

La connivencia policial con el Clan Reyna quedó al descubierto en la investigación que realizó la División Drogas Peligrosas Tucumán de la Policía Federal. Antes de que realizaran el megaoperativo en los barrios Juan XXIII (“La Bombilla”) y Manantial Sur, descubrieron que ellos estaban al tanto de que los estaban investigando. También tienen pruebas de que en más de una oportunidad habrían cambiado de lugar la droga que habrían tenido acopiada para evitar que sea secuestrada.

Preocupación

La evasión del “Gordo” generó preocupación entre sus familiares, a pesar de que varios de ellos se encuentran detenidos, acusados de dirigir la banda que se habría dedicado al narcomenudeo.

Según confirmaron los allegados del adolescente, Lorena Herrera, su madrastra -que está cumpliendo arresto domiciliario por esa causa- y su padre Mario “El Mono” Reyna trataron de comunicarse con él para que se entregara a las autoridades. Conocen muy bien su carácter y saben que su vida corre peligro.

“El Gordo” fue acusado de tres homicidios, con pistolas nueve milímetros, un arma que es difícil de conseguir y mucho más de manejar. Todas las víctimas eran integrantes del Clan Farías, su grupo rival. En 2016, cuando tenía 15 años, habría sido el autor de los homicidios de Gustavo Farías y de Exequiel Navarro. Aparentemente habría querido vengarse por la muerte de su hermano Emanuel “El Monito” Reyna, que se produjo días antes. Al ser inimputable, nunca afrontará un tribunal por esos hechos. Sí cumplió medidas tutelares. Karina Soraire, la tía a la que la hermana del menor le robó la identidad para que se fugara, fue su tutora durante varios meses.

En junio, el “Gordo” fue detenido por el crimen de Fabio Farías. El homicidio ocurrió días después de que la Policía Federal desarticulara el Clan Reyna, por lo que los investigadores creen que el crimen estuvo motivado por una venganza. Él, en cambio, dijo que se defendió de un ataque. A las pocas horas de haber sido alojado en el Roca, se confirmó que también tenía pedido de captura por haber tenido una importante participación en las actividades que supuestamente desarrollaba su familia vinculadas en el narcomenudeo.

Existen pruebas de que él, mientras estaba en clases en una escuela pública (era una de las obligaciones que debía cumplir por orden de la Justicia), recibía llamados que tenían que ver con la atención de los quioscos que vendían drogas.

Fuente La Gaceta

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