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Marianito Córdoba, el “santo” que muchos aguilarenses veneran

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Aguilares.-  Marianito Córdoba es un santo popular de Aguilares, que murió trágicamente en 1933, y que los pobladores visitan para pedir que los ayude, llevando cuadernos, carpetas, chupetes, como ofrendas por las promesas cumplidas. Uno de los rituales más conocidos es el de pegarse con un pequeño látigo para curarse mediante la intervención de la “almita milagrosa”. Así comienza una crónica publicada por Diego Armando Díaz, un aguilarense que hizo un posteo sobre el mito local en su red social.

Hoy cuando llegué a su tumba en el cementerio de Aguilares, encontré en su monumento muchas velas encendidas, eran las nueve y media de la mañana, de fondo se escuchaba por los parlantes de la capilla, los nombres de personas muertas que habían sido seleccionadas por sus deudos para las intenciones, un hombre que no soltó en ningún momento su bolso negro, se agachaba para prender una vela, llevaba zapatos mocasín, pantalón gris, camisa a tono, me dijo que él era de aquí, pero que hace mucho que se había ido a vivir a San José (el barrio donde está la Expo en San Miguel) pero que siempre venía a visitar el cementerio, y que se llegaba por aquí a prenderle una velita, “¿le cumplió alguna promesa?,” -No, pero siempre vengo-. Por el otro lado llegaron tres mujeres, que parecían tres generaciones juntas, abuela, hija y nieta, las tres de cabellos castaños, las tres de cabellos ondulados, la hija sacó de una bolsa de súper, una vela y cruzó todo el monumento hasta la parte de atrás donde estaban las velas encendidas, no dijeron nada las tres, tocaron el panteón, rezaron en voz baja y se fueron, el hombre de gris me dijo adiós y se fue. Por un minuto me quedé solo, saqué la foto, y llegaron dos jóvenes, uno me contó, que sí le había hecho una promesa al santito y éste en dos días había logrado que su hija de más de un año, pueda caminar, tomó un latiguito y se pegó por el cuerpo, su amigo hizo lo mismo, te tenés que pegar donde te duele y él te cura, dijo el muchacho dejando uno de los tantos latiguitos que hay sobre la tumba de Marianito Córdoba.

Hacía tiempo que se me había puesto en la cabeza saber ¿quién era Marianito Córdoba?, el hombre que en el cementerio tiene más velas encendidas que ningún otro, al que cada tanto los conserjes, deben tirar los innumerables cuadernos, carpetas de estudiantes, calzados de bebes, chupetes que se acumulan sobre el lomo de su tumba. Después de leer lo que se vive publicando para esta fecha, comencé mi propia investigación, busque en la biblioteca, busque en Historia del Municipio de Aguilares, pero nada decían sobre él, les pregunte a personas de la ciudad, pero repetían lo que dicen los diarios. Fue en ese punto que le pregunté a don Emilio Escándar, un hombre que sabe mucho sobre Aguilares, y él me dijo en la esquina de Diego de Villarroel y Carlos Pelegrini, -No sé nada hermano, sobre Marianito Córdoba, pero el que sabe es don Aristes Núñez, él sabe, ¡Tiene un cabeza! Vive de aquí a dos cuadras y me señaló hacia el sur.

No sabía quién era el señor Núñez, pero esa posibilidad me apasionó, días después salí de mi casa un domingo a buscar a Aristes, “el hombre que sabe”. Preguntando llegué a su casa, de un garaje, cuando golpeé las manos salió un hombre con pinta de pintor, “Hola a quien busca” me dijo, “¿familia Núñez? Se encuentra Aristes”, le dije, “Ya me fijo si está”, el hombre desaparece en la oscuridad del garaje. Vuelve al rato el hombre, si está estaba en el fondo, abre el portón- “Pase, pase”, de una puerta oscura sale un hombre de sombrero -¿Quién sos?”, me dice, “me llamo Diego,” —-¿Qué a vos te manda Acosta?- No le digo, el hombre se sienta en una silla junto a una mesa, la habitación tiene un solo foco de bajo consumo, el mantel es de hule con dibujos de frutas.

“Yo quería averiguar sobre Marianito Córdoba”, me apuro a decir antes de que pierda su atención,- Marianito- escucho que repite a coro,- Pásame el libro número tres-, le dice al hombre del portón, este trae una fotocopia anillada, dale le dice, el otro me lo da, – buscá en el índice-,me dice don Aristes, busco hasta que lo encuentro, leo en la fotocopia la historia de un hombre Lapetina que vino de Italia, que luego se casó con María Gutiérrez, viviendo en Monte Redondo, hoy una localidad cerca de Santa Bárbara, que es solo un camino de tierra por el que transitan camiones cañeros, con unas cuantas casas a las orillas, dice también que ellos tenían un negocio de ramos generales, que era un hombre bueno Lapetina, que contaba con muchos amigos, y uno de ellos era Marianito Córdoba, que era muy respetuoso, muy buen trabajador del surco, es tan así que le cede un cuarto para el fondo de su casona, y compartían muchas horas de amistad pero… aquí el relato hace una pausa y dice después de los tres puntos suspensivos, “una mañana a Marianito lo encontraron muerto”, para la gente del lugar fue una sorpresa, porque siendo un hombre tan bueno como es posible que lo hayan muerto, se habló mucho sobre este misterio compartido por los parroquianos, se dice que las causas de su trágica muerte fueron muchas, cuestiones de polleras, algún enemigo, otros dicen que fue la policía, porque él era un especie de Robin Hood.

Mi padre dirá “eran luchadores sociales, tené en cuenta que Perón recién llegó en el 45, dándole al pueblo un respiro ante tanta opresión, ¿en qué año lo mataron a Marianito? -En el 33-, -ves, los terratenientes hacían lo que querían con los obreros y ese tipo de gente era luchadores, hombres que se revelaban, por eso no se sabe nada de él, porque a la historia la escriben los que ganan”, eso me decía mi padre cuando le comenté el caso.

El libro de Aristes dice que era un hombre de 33 años, que su muerte provocó muchas controversias en la época, que no le dieron cristiana sepultura, y que el cuerpo de Marianito no está en la tumba que se encuentra en el cementerio de Aguilares, sino que se encuentra en el monumento funerario que está en Monte Redondo.

Después de saber lo que quería saber, me quedé con don Núñez, me contó que tenía nueve libros escritos sobre Aguilares, me mostró otro que se apuró a traer su hijo, que era pintor, igual que él, me habló de otros tiempos de un Aguilares que yo no conocí, escuché que le preguntó a su hijo si había algo para comer, ya eran más de las nueve de la noche, así que decidí irme, los salude y me fui.

Cuando escribo esto pienso en todo, en lo que le pasó a Marianito, en los nueve libros de don Núñez, que tiene a todo esto 84 años y posee una lucidez envidiable. Pienso que hay cosas que no se van a saber, porque el tiempo las borró, y pienso que las borró para tapar algo, nadie sabe a ciencia cierto porque murió Marianito Córdoba, solo hay especulaciones.

Hoy 85, u 84 años de su muerte, me quedo con la idea romántica, y pienso que fue un bandido, que robaba a los ricos para darle a los pobres, que se hacía invisible cuando lo buscaban, lo cierto es que el 2 de noviembre de 2018, en la tumba del cementerio de Aguilares, y en la de Monte Redondo sigue habiendo velas encendidas en su nombre, junto con infinidades de cuadernos, carpetas, zapatitos de niños, chupetes atados a su cruz.

Fuente: Facebook

1 Comentario

  1. Interesante la nota pero hay un error cronológico, Mariano Córdoba fue asesinado el 21 de enero de 1911, de un tiro de escopeta en la sien izquierda. En la comisaria se anotó la siguiente filiación prontuarial:

    A las 2.30 pm del día 21 de enero de 1911 fue encontrado en Monte Redondo un cadáver cuya filiación es: como de 25 años de edad, de 1.64 de estatura, trigueño, pelo negro lacio, barba negra rala afeitada, frente inclinada mediana, base horizontal,cejas arqueadas, espesas y apretadas, ojos marrones medianos, nariz dorso convexo, mentón sin prominencia, orejas medianas con adherencias. Señas particulares: 1 cicatriz cortante forma Y de 2×1 centimetros en la primera falange del indice izquierdo, cara dorsal, interna 2 cicatriz de rasguño en forma oblicua externa de 1 centimentro en la primera falange del indice derecho, cara dorsal 3 cicatriz cortante oblicua interna de 1 1/2 centimetros en la region frontal lado derecho a un centimetro de la linea mayor y tres por encima del arco superciliar 4 hoyoso de viruela

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