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River pegó un grito en Bogotá y ya está entre los mejores 16

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La victoria energizante en el Superclásico generó una metamorfosis en River. De aquel equipo que no podía levantarse ante la adversidad y daba pena en la Superliga ya no quedan rastros. Desde el 14 de marzo, cuando alzó la Supercopa Argentina ante el máximo adversario, no paró de cosechar triunfos. Sacó el 93 por ciento de los puntos a bordo de 8 victorias y un empate. Lleva 13 partidos invicto desde el 28 de febrero. Y aunque sufrió en el segundo tiempo porque decidió acurrucarse cerca de Franco Armani, empujado por el rival y cansado por la altura, consiguió otra valiosa victoria y la clasificación a los octavos de final. ¿Nace un candidato?
Aunque a veces se encapricha con algún esquema, Marcelo Gallardo siempre tiene a mano variantes tácticas. Y en ese sentido, sorprendió ante Santa Fe. Porque eligió una línea de cinco, con tres marcadores centrales en la custodia de Franco Armani, y dos laterales, más suelto Marcelo Saracchi que Gonzalo Montiel. Leonardo Ponzio y Enzo Pérez en el medio, con dedicación especial en la recuperación, Juan Fernando Quintero y Pity Martínez en la generación y Lucas Pratto como punta de lanza. Aunque la llave fue el colombiano, que mostró una enorme calidad en su pie izquierdo, jugando como si estuviera en el patio de su casa.
A partir del brillo de Juanfer, River conectó cuando Santa Fe dejó espacios. Armó un buen circuito el enganche paisa. En un fútbol cargado de vértigo y roce, Quintero hizo todo sencillo. Le dio la pelota servida al compañero. Ni más ni menos. Y de un exquisito pase filtrado llegó el grito de Lucas Pratto. Encontró un hueco a espalda de los centrales y dejó al goleador de los 14 millones de dólares mano a mano con Robinson Zapata. Y el Oso no perdonó.
Santa Fe es un equipo recortado en ambiciones. La herencia de Gregorio Pérez, despedido después de un desabrido empate ante Once Caldas, dejó un equipo duro, pero sin elaboración fluida. A bordo de un 4-2-3-1, apostó al pelotazo que facilitó a la defensa de banda roja o alguna proyección por las bandas. John Pajoy por la izquierda y Anderson Plata por la derecha. Después del gol de Pratto, Agustín Julio sacó a Armando Vargas, el mediapunta que más cerca estaba del centrodelantero, y reforzó el círculo central con Sebastián Salazar. Sin embargo, poco cambió ese 4-4-2.
Lo más peligroso del equipo colombiano fue una pelota parada. Entonces, apareció Armani, que mostró todos sus reflejos y que el clamor popular de la Selección no es antojadizo. Remató Pajoy el tiro libre, cabeceó Baldomero Perlaza y tapó el número uno santafesino a puro reflejo.
En el segundo tiempo, River retrocedió demasiado. Y no pudo aprovechar el contragolpe. Fundieron motores Quintero y Pity Martínez. Y Santa Fe comenzó a encerrarlo peligrosamente. Especialmente, por el sector de Saracchi y a espaldas del doble cinco. Ponzio y Enzo Pérez fueron muy permeables. Y los colombianos inquietaron demasiado a Armani. Lo perdieron Tesillo, Pajoy y Morelos. Y Lucas Martínez Quarta salvó en la línea de sentencia.
Gallardo metió mano en el equipo. Sacó a Quintero y a Pity y apostó a Santos Borré y Nacho Fernández. Pero nunca pudo recuperar la pelota. Con poca claridad, pero obligado por la coyuntura, Santa Fe lo apuró. La altura pesó. Lentamente, se fue quedando sin piernas River. Pero aguantó atrás, con una defensa impasable y un arquero que no perdió un centro. Y festejó. Ya está en la próxima fase. Y va por más, claro.
Fuente Clarin

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