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“Queridos Decanos”: de hincha a hincha, un fanático de Atlético escribe desde Colombia

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Queridos Decanos:

Soy el Rodrigo “Pila” Monteros, fanático del Deca y esta es la primera carta que les escribo.

Desde chico vi a mi viejo enloquecer en cada partido y romperse la garganta con cada gol. Mi viejo era como yo y un poco más. De grande no podía ir siempre a la cancha porque tenía miedo de que le agarre un ataque al corazón. Mi novia dice que tenía conciencia de enfermedad, y es que posta, al fanático se le presenta todo un cuadro clínico: taquicardia, opresión en el pecho y falta de control de los impulsos. El pensamiento mágico de las cábalas también se puede incluir, ni hablar de la desesperación ante el riesgo de no poder cumplirlas. Sólo en ese ámbito nos pasa y sólo ahí somos capaces de enloquecer, abrazar a un desconocido o entrar en ese estado de nerviosismo que dura todo el partido.

Así crecí, con la pasión en el cuerpo y el corazón; no conozco otra forma de vivir al Deca y amo que sea así. Es lo más grande que me dejó mi viejo y eso que me dejó cosas importantes. Por eso para mí, viajar a Colombia y vivir la Libertadores, era tan importante como inexplicable.

Como no tengo mucha guita, decidí hacer una rifa. Tenía que ser económica porque la cosa está complicada, y pensando en el día del amigo, se me ocurrió sortear cerveza artesanal y carne para asado. El premio era buenísimo para el festejo, pero la mayoría de la gente la compró para ayudarme y estoy eternamente agradecido por eso.

El viernes partí para Colombia. La noche previa al viaje fue desesperante y la ansiedad no me dejó dormir. Mientras pensaba estrategias para acelerar la hora, entré a twitter y la primera imagen fue la de unos decanos de Alberdi que habían plantado bandera en Medellín. El corazón y el estómago se me hicieron una sola cosa y me dio un hormigueo en las piernas. Traté de tranquilizarme y cerré los ojos pero me ví en la cancha y fue peor, así que los abrí.

El viaje empezó tranqui, aunque un poco incómodo porque el mundo no se apiada de los altos y siempre los asientos me llegan hasta el cuello. Cuando llegué a Lima aparecieron los 3 primeros decanos y otra vez empecé con las palpitaciones. No los conocía pero tenía ganas de abrazarlos (a veces no es exclusivo de la cancha). Juntos nos enteramos de los 155 estafados, no lo podíamos creer y nos pusimos a putear por la parte que nos va a faltar y lo mal que la deben estar pasando.

Seguí viaje con escala en Bogotá y después para Medellín. No dejé de pensar ni un segundo en toda la gente piola que me hizo el aguante con la rifa. En todos los que entendieron lo que significa para mí el Deca.

Al día siguiente llegaron doce hinchas más, al hostel donde estaba parando. A la noche jugábamos por el torneo así que nos juntamos para ver el partido. No saben lo que fue eso… 13 tipos mirando un celular que se trataba todo el tiempo para ponerle condimento al cuadro clínico, ganamos sobre la hora y nosotros escuchamos por radio vía YouTube.

imagínense el kilombo que armamos. Los colombianos no entendían nada pero se ve que la felicidad era contagiosa por la cara que tenían. La gente filmaba, cantaba con nosotros y un grupo de músicos a la gorra se sumaron al festejo enloquecido de estos tucumanos.

Voy a tratar de transmitirles todas la emociones por las que pasemos, pero como ustedes saben, ni aquí ni allá, se puede explicar.

Fuente El Tucumano

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